Descarbonizar la economía y transitar a energías renovables: los retos de Colombia

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Según cifras del Ideam, el país emite 237 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, lo que equivale al 0,47% de las toneladas que se producen mundialmente. Pese a la baja participación en las emisiones globales, Colombia tiene diversos retos y oportunidades respecto a la descarbonización y al tránsito hacia fuentes no convencionales de energías renovables.

Cada vez más, con el aumento generalizado de los efectos que el cambio climático está generando en el planeta, y los que se estima que produzca, empezamos a escuchar la jerga técnica sobre los procesos que se deberían adelantar en el mundo para mitigar estos impactos. Uno de ellos, quizás de los más importantes, tiene que ver con la descarbonización de la economía y la transición a fuentes no convencionales de energía renovable.

Pero ¿en qué consiste la descarbonización y por qué es importante hablar de ella? “Es un término que aparece en todo el tema del impacto de las actividades humanas en los patrones climáticos y en el aumento de las concentraciones de los gases de efecto invernadero en la atmósfera que generan el calentamiento global. Estas emisiones son principalmente de dióxido de carbono (CO2), del cual el carbono es el principal componente. Por eso hablamos de descarbonización, porque lo queremos  reducir son las emisiones de carbono  antropogénico en la atmósfera”, explica María Alejandra González, asesora de Política Regional para Plásticos de WWF y experta en temas de energía.

Se trata de un tema crítico para el futuro del planeta y de la población. Como lo ha advertido la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en los años más recientes, las emisiones de CO2 han aumentado pese a la pandemia por coronavirus, lo que indica que, para el fin de este siglo, la temperatura podría aumentar hasta más de 3°C, con las devastadoras consecuencias que este incremento significaría. Por eso es fundamental descarbonizar la economía del mundo.

Precisamente ese fue uno de los principales objetivos de la COP26 que se llevó a cabo hace un mes en Glasgow, Escocia, donde líderes mundiales, representantes del sector privado, de las ONG y de la sociedad civil, entre otros, se reunieron por dos semanas para acordar cuál debe ser el camino que debemos recorrer para que la temperatura del planeta no aumente más de 1.5°C hacia el fin del siglo.

Para González, en estos escenarios es fundamental centrarse en las actividades y sectores económicos más intensivos en carbono, como la energía, la cual es la responsable de las tres cuartas partes de las emisiones globales. Por eso es tan importante que los países también transiten hacia energías con un menor impacto climático.

Ahora, si bien el panorama general exige que los gobiernos, la industria y la ciudadanía se articulen para alcanzar los compromisos acordados, las realidades, retos y oportunidades difieren dependiendo del contexto. Para el caso colombiano, una investigación publicada por Ricardo Delgado, Thomas Wild, Ricardo Arguello y Leon Clarke, expertos de las universidades de los Andes, Ibagué y Maryland (Estados Unidos), a finales del año pasado en el Energy Strategy Reviews, encontró que “la agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra, generan el 50% de emisiones, mientras que la energía, en la cual está incluida el sector del transporte, representa el 39%”.

Para la experta de WWF, si bien Colombia tiene una generación de energía eléctrica baja en emisiones, dado que alrededor del 70% se genera en hidroeléctricas, el gran reto proviene del consumo final de energéticos, ya que aproximadamente un 75% del total procede de combustibles fósiles, siendo el sector transporte el que mayor demanda genera con un 43%.

 

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